miércoles, 31 de enero de 2018

VIBIA SABINA


Pequeña alma, blanda, errante
Huésped y amiga del cuerpo,
¿Dónde morarás ahora
Pálida, rígida, desnuda,
Incapaz de jugar como antes...?

(Publius Aelius Hadrianus Imperator)


Fuiste el anillo
que legitimó
su mano
ante el Imperio,
la mano
que te pagó con la traición.

Tu muerte fue
por
su mano
antes de ver
su mano
muerta;
la mano
que golpeaba tu cuerpo de vestal,
la mano
que imantaba de auroras boreales
el marfil de tu piel
desde la terneza de tus once años.

Nunca
te quiso,
por más
que la luna
te cultivase y
te cediese
su candor de nácar,
por más
que tus mejillas
fueran jardines de rosas,
prominentes atalayas
desde donde contemplar
tus grandes ojos negros,
húmedos
como lagos salobres,
tristes
como ríos
que mueren en el mar.

Nunca
—tampoco—
le quisiste,
y era hermoso
envuelto en su toga griega,
con su rostro barbado
de toro bético
girado hacia el lugar
donde nace el sol.

Nunca
los hijos
habitaron
tu útero
—no germinó  la semilla del misógino—,
tu matriz
los rechazó
por tu mano; y

por tu mano
Antínoo
sufrió el sacrificio,
la mano
que amasó su destino
con el agrio fermento
de la venganza.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Fotografías del busto de Vibia Sabina expuesto en los Museos Capitolinos de Roma (el superior procede de la red y el inferior es de mi autoría, de mi segundo viaje a Roma en 2017)

Nota: 
Vibia Sabina (86-137) fue emperatriz de Roma, casada con Adriano y sobrina-nieta de Trajano. De carácter independiente, fue amante del historiador Suetonio y encarnizada rival de Antínoo, el efebo tracio amante de su marido. Pocos años antes de su misteriosa muerte se le concedió el título de Augusta.

Poema registrado con el copyright: ujPQkscaDCeKkGvc